Seis siglos de romería. La Ermita del Llovedor de Castellote
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La Romería del Llovedor, celebrada cada 1 de mayo en Castellote (Teruel), es una de las tradiciones religiosas más antiguas y emotivas del Maestrazgo.
Desde el amanecer, los hombres del municipio responden al tañido del “campanico” para iniciar la jornada con misa en la iglesia parroquial antes de partir en procesión hacia la ermita del Llovedor, situada en un entorno natural de gran belleza. El camino se recorre rezando y cantando, pidiendo o agradeciendo la lluvia, como símbolo de protección y fertilidad, honrando así a la Virgen del Agua. Al llegar, se celebra una nueva misa y la cofradía realiza su asamblea anual, manteniendo viva la memoria espiritual comunitaria.
El origen de esta romería se remonta a 1405, cuando una sequía llevó a once mozos a peregrinar a la Virgen de la Balma (Castellón), obteniendo la ansiada lluvia. Tras serles negado el paso años después, los vecinos de Castellote erigieron una ermita propia bajo una surgencia natural de agua, dando inicio a una devoción que sigue vigente. El regreso vespertino, con antorchas ascendiendo por el Calvario y el encuentro de estandartes ante las mujeres que esperan en el pueblo, convierte el final del día en un acto profundamente simbólico y emocional.
Curiosidades
La romería surgió como agradecimiento por la lluvia concedida tras una rogativa a la Virgen de la Balma. Desde entonces, acudir al Llovedor se convirtió en un voto anual, recordando que la fe fue entendida como medio de intercesión en tiempos de dificultad.
La ermita del Llovedor, del siglo XVIII, se integra en una hendidura rocosa bajo un manantial natural que fluye casi todo el año. Su emplazamiento, a los pies del castillo y en un barranco arbolado, la convierte en un ejemplo singular de patrimonio espiritual y paisajístico del Maestrazgo.
El regreso al anochecer, iluminado por antorchas en forma de “serpiente de luz”, culmina con el emotivo saludo de estandartes entre hombres y mujeres ante la iglesia. Este gesto representa la unión de la comunidad y la continuidad de la tradición, cerrando la romería con rezo y canto ante la Virgen.