Los Despertadores del Bajo Aragón
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En el corazón del Bajo Aragón sobreviven los “Despertadores”, también llamados rosarieros o auroros, una de las tradiciones religiosas más singulares de la comarca.
En Torrecilla de Alcañiz, la tradición adquiere su máxima expresión durante las fiestas patronales en honor a San Miguel Arcángel, del 28 al 30 de septiembre, cuando estos grupos de hombres recorren las calles al alba tocando campanillas, luciendo farolillos y entonando coplas religiosas para anunciar el Rosario de la Aurora. Esta costumbre centenaria está vinculada a la fe y la comunidad y conserva hasta hoy un notable carácter espiritual y festivo.
La participación en este ritual colectivo refuerza la identidad local, ya que los despertadores no solo dan la alarma al alba, sino que invitan a la oración y al recogimiento antes del día festivo. Su recorrido por las calles vacías bajo la luz tenue y el sonido de sus campanillas crea un ambiente cargado de simbolismo. Además, la tradición cuenta con una indulgencia plenaria perpetua concedida por el papa Gregorio XVI, lo que añade un valor espiritual extra a esta manifestación de devoción popular.
Curiosidades
Los Despertadores de Torrecilla forman un grupo de entre 17 y 20 hombres que, en la madrugada de festividades señaladas, recorren el casco urbano portando un farol o farolillo y tañendo una campanilla. Su misión: convocar al rezo del Rosario de la Aurora, una práctica que evidencia la mezcla de canto, piedad y comunidad.
La tradición de los rosarieros en el Bajo Aragón se remonta al menos al siglo XVII-XVIII, según estudios que documentan coplas y salidas nocturnas en localidades como Torrecilla de Alcañiz, Calanda o Castelserás. Esta longevidad la convierte en una de las expresiones más auténticas de religiosidad popular aragonesa.
Durante las fiestas patronales de San Miguel en Torrecilla, los Despertadores abren las jornadas festivas con su ritual, y esta costumbre cuenta con una indulgencia plenaria perpetua concedida por el papa Gregorio XVI. Esto significa que su acción de despertar y rezar tiene un valor espiritual especial, reconocido oficialmente