La luz que nos guía. La Feria Candelera en Barbastro
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La Feria de la Candelera de Barbastro es una de las celebraciones tradicionales más antiguas de Aragón, con origen en el año 1513 cuando la reina Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, concedió a la ciudad el privilegio de realizar esta feria.
Se celebra cada año el 2 de febrero, día de la Purificación de la Virgen, y en su desarrollo se funden tradición religiosa, comercio popular y convivencia ciudadana. Desde primeras horas de la mañana, la ciudad se llena de puestos de artesanía, productos agroalimentarios, maquinaria agrícola, viveros y comercio variado, distribuidos por el centro histórico de Barbastro.
Una de las partes más emotivas y simbólicas de la jornada es la bendición matinal de las candelas y caretas en la Catedral de Barbastro, seguida del reparto entre vecinos y visitantes de miles de velas encendidas, que luego recorren las calles en señal de luz, esperanza y comunidad. Esta luz simbólica se une al ambiente ferial, al paso festivo de los comerciantes y a la presencia de los barbastrenses, que cada año participan activamente en esta tradición, convirtiendo la feria en un auténtico punto de encuentro de vecinos y visitantes.
Curiosidades
La fiesta toma su nombre de las candelas bendecidas, símbolo de la luz de Cristo que guía y protege los hogares. Tradicionalmente se conservaba la vela de la Candelera durante todo el año para encenderla en momentos de enfermedad, o necesidad, manteniendo vivo su sentido de fe y amparo espiritual.
Cada 2 de febrero, la ciudad se transforma en un gran mercado abierto. Más de un kilómetro de puestos recorre las calles, con espacios dedicados a artesanía, textil, alimentación tradicional y productos agrícolas. Es un día clave para productores locales, que encuentran en la feria una oportunidad de visibilidad y venta.
El privilegio para celebrar la feria fue otorgado por Fernando el Católico en 1513, con el objetivo de fomentar el comercio local y atraer mercaderes. Mantener vivo este evento más de 500 años después demuestra su arraigo y la capacidad de Barbastro para unir historia y actividad económica en una sola jornada.