El Monasterio de El Pueyo: atalaya del Somontano de Barbastro
Aragón con alma Cartujas y monasterios con alma Monasterios vivos
Conforme nos acercamos a esta ciudad oscense, destaca sobre su paisaje un alto espolón rocoso cuya cima está coronada por un monasterio desde el año 1101 cuando, según la tradición, la Virgen se apareció al pastor Balandrán entre los resplandores de un almendro, en cuyo recuerdo aún se sube en romería cada año.
Este hecho fue rápidamente difundido por el reino recibiendo el apoyo del rey Jaime I quien estableció capellanía de un primer santuario. Su vida monástica ha estado en manos de sucesivas órdenes: los benedictinos, los claretianos y, en la actualidad, los monjes de la orden argentina del Instituto del Verbo Encarnado.
Muchas son la razones para subir hasta lo alto de este “pueyo”: las increíbles vistas panorámicas que se abren ante nosotros desde sus 637 metros de altitud que dominan el Somontano, las visitas guiadas por los frailes que recorren los espacios históricos del monasterio y también por los ejercicios espirituales que la comunidad ofrece de forma regular.
Curiosidades
El Monasterio del Pueyo cuenta con una antigua hospedería que permite a los visitantes alojarse en un ambiente de silencio y contemplación. La comunidad ofrece retiros personalizados y espacios para grupos educativos o parroquiales.
Muchos peregrinos realizan la subida al Pueyo como gesto de agradecimiento o promesa personal, siguiendo una tradición que aún se mantiene en Barbastro. En el camino pueden observarse pequeñas cruces y placas votivas colocadas por familias y devotos.
En la portería del monasterio es habitual encontrar dulces elaborados por la comunidad, siguiendo recetas tradicionales de repostería monástica. Rosquillas, pastas, bizcochos sencillos y miel de la zona son algunos de los productos que pueden adquirirse según temporada. Su sabor destaca por la sencillez de ingredientes y el cuidado artesanal, convirtiéndolos en un recuerdo dulce y auténtico de la visita.