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Tres grandes unidades conforman el relieve aragonés: las dos grandes cadenas montañosas —Pirineos y Sistema Ibérico— y la depresión central del Ebro. Entre ellas existen zonas de transición, que en Aragón se denominan "somontanos". De esta manera se configuran, de norte a sur, cinco unidades geomorfológicas: Pirineos, Somontano Pirenaico, Depresión del Ebro, Piedemonte Ibérico y Cordillera Ibérica.
Esta configuración del relieve aragonés se origina como consecuencia de los movimientos orogénicos alpinos de la Era Terciaria. En la Era Mesozoica el relieve estaba invertido: en la actual depresión se elevaba el Macizo del Ebro, flanqueado por sendos mares, el de los Pirineos -más profundo- y el Ibérico. El proceso de erosión durante el final de la Era Primaria y toda la Era Secundaria va sedimentado materiales en los fondos y las orillas de los mares.
A lo largo del Terciario, los movimientos alpinos, un posterior proceso de arrasamiento y un nuevo levantamiento epigónico de ambas cadenas montañosas (junto al hundimiento de la depresión) dan lugar al relieve aragonés, tal y como lo conocemos.